Todo indica que la “migración” hacia la televisión digital ocurrirá en los próximos años. El modo en que se haga será clave para saber si avanzaremos hacia una mayor democratización de los medios de comunicación en Uruguay o si, por el contrario, todo seguirá como está... o un poco peor. Las decisiones hay que empezar a tomarlas ya. Y es fundamental que no se haga entre unos pocos sino en una discusión amplia, pública y profunda. Decidiendo sin apuro, pero sin dormirnos hasta que sea tarde.
El cable: una oportunidad perdida
Cuando en los 90 llegó la televisión para abonados tuvimos una oportunidad similar. La perdimos. Esperemos que no vuelva a pasar. O mejor: no esperemos. Hagamos algo para que no pase. La oportunidad es parecida, los riegos también.
Aquella fue una buena oportunidad para hacer más plural la gama de emisores. En lugar de eso, sobre todo en el caso de Montevideo, se terminó otorgando las concesiones a las mismas empresas que ya dominaban la televisión abierta. Y para peor éstas se asociaron en una única empresa con la misma oferta de señales.
Fue también una buena oportunidad para potenciar la producción nacional de contenidos. Salvo en el caso de TV Ciudad –condicionada a sostenerse sin publicidad-, esto no ocurrió. El cable trajo fundamentalmente más de lo mismo: más televisión argentina y mucho más televisión estadounidense. En el interior algunos cables locales significaron algunas oportunidades nuevas, pero en Montevideo la señal “propia” de cada empresa suele repetir contenidos de su señal abierta.
También pudo haberse aprovechado para facilitar el acceso a Internet. Con una inversión apenas un poco mayor y disposiciones legales y técnicas adecuadas un mismo cable puede servir para televisión e Internet, lo que abarata mucho los costos. En aquel momento, puede argumentarse, era difícil visualizar las potencialidades futuras de la red, que estaba en pañales. Por eso mismo esta vez habrá que intentar mirar un poco más lejos.
Pero no todo era “cable” en la televisión para abonados. También se otorgaron concesiones a empresas que emiten por aire pero codificando la señal, de modo que para recibirla hay que pagar el alquiler del decodificador (o inventar uno trucho, como saben hacer algunos). Así por ejemplo se otorgó a una empresa el uso de señales de UHF (Ultra High Frequency, que ocupa los canales “altos” como el 20, 40 o más). Por ese tiempo, precisamente, los televisores empezaron a venir con muchos más canales que antes. Muchos creímos que eso sólo servía para “el cable”. Pero en realidad también servía para recibir señales de aire. En otros países de la región y el mundo esos canales se usan para televisión abierta. Aquí optamos (?) por privatizar esa parte del espectro. Una decisión de dudosa conveniencia social.
Ha pasado poco más de una década y tenemos que volver a tomar decisiones. Otra vez se abren oportunidades y otra vez los riesgos son importantes. Veamos.
¿Digital o digitado?
La digitalización puede permitir ampliar mucho el espectro de señales a emitir por aire. En efecto, en el mismo espacio del espectro en que hoy cabe un canal, puede llegar a haber hasta cuatro. Pero también puede optarse por usar ese espacio para un solo canal, con mejor definición de imagen y calidad de sonido, variantes de un mismo programa en distintos idiomas, etc. Aquí ya hay que empezar a tomar decisiones técnicas pero con fuerte impacto social y político. Por ejemplo: ¿le damos preferencia a la televisión de alta definición, preferimos ampliar la gama de señales o buscamos alguna combinación de ambas posibilidades? Los tres sistemas que pelean hoy por repartirse el mundo –el norteamericano, el europeo y el japonés- no se adaptan del mismo modo a cualquier decisión que tomemos. Pero esa decisión debe ser previa.
En cualquier caso todo indica que habrá más canales de aire disponibles. Aparece entonces otra decisión clave a tomar: ¿cómo y a quién se adjudicarán las nuevas señales? Esta es una excelente oportunidad para, de una vez por todas, hacer lo que cualquier país serio hace: establecer criterios claros y transparentes, con adjudicaciones a término y no eternas como hoy, con plazos de revisión periódica en que se verifique que se cumplen las condiciones establecidas, etc. Porque los adjudicatarios usan el espectro radioeléctrico, un bien público que el estado administra en nombre de la sociedad, y no un bien privado. Privada puede ser la propiedad de las instalaciones de un canal, pero no la frecuencia que utiliza.
Es también una buena oportunidad para avanzar en la democratización de las comunicaciones, dando espacio a lo público y a lo comunitario y no sólo a lo privado comercial. Y una nueva oportunidad para dar un espacio prioritario a la producción nacional y local de contenidos. Claro que también corremos el riesgo de que, otra vez, los mismos se queden con la torta. O que las pantallas se llenen todavía más de televisión extranjera de discutible calidad.
La televisión digital permite también incorporar muchas funciones de “interactividad”. Es decir, se podrá hacer con el televisor cosas muy parecidas a las que hoy se hacen con una computadora conectada a Internet. Dependiendo de un conjunto de decisiones técnicas a tomar –otra vez con consecuencias sociales enormes-, esta puede ser una vía de acceso a información, servicios y comunicaciones para muchísima gente que hoy usa poco Internet, por barreras de costos y culturales. Para muchos el televisor doméstico, con algunos agregados (por ejemplo un “control remoto” con los comandos adecuados), puede ser mucho más amigable que la computadora. Aquí se abren además oportunidades para producción de software local... siempre y cuando tomemos las decisiones adecuadas para ello.
Precisamente en el terreno industrial hay muchas decisiones para tomar. La televisión digital es una oportunidad para varias industrias, además de las culturales. Principalmente la de software y la electrónica. Así por ejemplo, para recibir señales digitalizadas se puede comprar un televisor digital (de momento muy caros) o una cajita conversora para nuestro aparato actual, a mucho menor costo. En uno u otro caso la industria nacional puede intervenir, al menos en alguno de los componentes. Pero esto depende de decisiones técnicas y políticas que debemos adoptar y de nuestra capacidad para negociar en el contexto global y regional.
Y ya que estamos, lo regional también es clave aquí. Lo ideal sería que el tema fuera objeto de acuerdos entre los países del MERCOSUR, por ejemplo. Lamentablemente, igual que en otros planos, la integración regional renguea. Brasil y Argentina están avanzando en sus propias decisiones, descoordinados entre sí y sin conversar con los demás. En el caso brasileño el actual gobierno estableció en 2003 una estrategia para tomar las decisiones en este terreno del mejor modo posible, con un mecanismo de diálogo social amplio y una inversión importante en estudios técnicos y desarrollo tecnológico. Llegó incluso a tener pronto, a fines del año pasado, lo que se denomina el Sistema Brasileño de Televisión Digital que, aunque toma elementos de los ya existentes, los adapta a las necesidades específicas de Brasil. Pero TV Globo y sus socios vienen presionando fuertemente por abandonar ese proyecto, y es posible que en pocos días más Brasil adopte el sistema japonés, con grandes negocios para Globo y sus socios. Algo similar ya ocurrió en México, donde la llamada “Ley Televisa” privatizó por adelantado el espectro digital (en este caso adoptando el sistema norteamericano).
Se viene el apagón
Entre las decisiones a tomar otro aspecto clave es la fecha en que se dejará de emitir en las señales analógica actuales (el llamado “apagón digital”), el tiempo en que convivirán los dos sistemas, la forma en que se hará la transición, quiénes y cómo asumirán sus costos. En Estados Unidos, Europa y Japón el “apagón” está previsto para fechas distintas, que van del 2009 al 2012.
Pero también importa el momento en que la transición comienza. No hay apuro dicen algunos. Pero la transición ya empezó... en Uruguay. Y justamente en una de las empresas de televisión para abonados. En efecto, Multicanal, comprada por el Grupo Clarín de Argentina, empezará en breve el proceso, con el sistema europeo. La autorización de la URSEC dice que cuando Uruguay tome una decisión sobre el sistema a utilizar, deberán adaptarse a él. Algo no muy interesante, tal vez, para una empresa que ya invirtió varios millones de dólares en el operativo digital. De paso, la digitalización, al permitirle emitir más señales en el mismo espacio, dejará libres muchos canales de UHF... que habrá que ver si se adjudican, a quiénes y cómo.
Como se ve el mapa de las comunicaciones ya se empieza a mover, con todos sus riegos y oportunidades. Los uruguayos tenemos una oportunidad para hacer más democráticas nuestras comunicaciones. El gobierno nacional, que incluye la democratización de las comunicaciones en su programa, tiene un deber. Que, a mi juicio, implica convocar a un debate amplio sobre el tema, apoyado en sólidos estudios técnicos y en orientación política y prioridades sociales claras.
* Docente e investigador de la Universidad de la República