Las claves
El 29 de abril de 2006 se cumplieron 3 años de la peor inundación que se recuerde en la ciudad de Santa Fe (Argentina). Si bien los datos oficiales reconocen la muerte de 23 personas y 130.000 evacuados, hoy el número de víctimas fatales supera los 140, y aún quedan familias evacuadas que no han podido recuperar su hogar. Por ello, entre otros grupos de inundados, la Marcha de las Antorchas se dirige hacia la Plaza 25 de mayo para reclamar “Justicia en todo y para todos”: una práctica ciudadana que los transformó para siempre y cuyo ejercicio jaquea a la corporación político-jurídica de la provincia.
Introducción
Hace tres años, entre la noche del 28 y la mañana del 29 de abril de 2003, la ciudad de Santa Fe se inundó por el desborde del Río Salado, que baña su costa Oeste en toda su extensión. Algo más de un tercio de la ciudad se vio –en escasas horas- cubierta por las aguas de un río que esa vez mostraba un caudal inusualmente alto. Las cifras oficiales insisten en fijar en 23 los muertos y en 130.000 los afectados directamente por la inundación. Hoy se sabe que los muertos son más de 140 (incluyendo a los que tomaron la decisión de quitarse la vida como producto de su imposibilidad por superar la angustia y la depresión) y que los afectados exceden los 150.000, quedando aún familias alojadas en galpones y/o en condiciones precarias de existencia bajo la desidia de los gobiernos de turno.
A pesar de los esfuerzos del por entonces gobierno de Carlos Reutemann por presentarla como una “catástrofe sin precedentes” y frente a la cual nadie le avisó de la gravedad de su caudal, las pruebas que los convierte en los principales responsables de la tragedia son contundentes: En primer lugar, porque el Río Salado posee un extenso recorrido de aproximadamente 600 kms. antes de llegar a Santa Fe y a pesar de las anormales lluvias acaecidas en su cuenca superior, el anegamiento de varias localidades ubicadas muchos kilómetros al norte de la ciudad capital los volvían más que previsible.
En segundo lugar, el gobernador Carlos Reutemann junto a otros funcionarios provinciales y municipales había inaugurado formalmente la finalización del cierre del anillo de defensa contra inundaciones, que nunca fue concluido; y es precisamente por allí donde ingresó el agua que –literalemente- tapó a un tercio de la ciudad de Santa Fe.
El 19 de Abril de 2006 (sólo 10 antes de que se cumplieran 3 años de la inundación), el juez de la causa Dr. Patrizzi, da a conocer la sentencia por medio de la cual –inexplicablemente- procesa solamente al ex-ministro Edgardo Berli, al ex-Director de Hidráulica provincial Ricardo Fratti y al ex-Intendente de la ciudad Marcelo Álvarez, y excluyendo de toda responsabilidad al ex-Gobernador (y actual Senador Nacional) Carlos Alberto Reutemann. Esto último constituyó para los inundados una “burla”, como lo reflejaron en el documento único que se leyó en el acto del 29 de abril:
Hemos aprendido cuán corrupta es nuestra justicia (...) Por eso ahora, los inundados sabemos distinguir con total claridad que este fallo de la Justicia es un insulto a la verdad y una burla a nuestro dolor.
Ciudadanía: la Marcha y sus procesos
“Héctor Sanagustín. DNI 12.891.687.
Ciudadano santafesino reducido a habitante inundado en el año 2003”.
Aclaración de la firma con que rubricó un artículo escrito el 29 de Marzo de 2005
Si bien este trabajo intenta recuperar el proceso de transformación de la práctica ciudadana de un grupo de inundados nucleados en la Marcha de las Antorchas, el objetivo es comprender el sentido que tiene para sus integrantes este derrotero y su incidencia en el campo político de la ciudad y la provincia de Santa Fe (Argentina). En este trabajo se exponen algunos lineamientos que surgieron de un trabajo iniciado en 2004 y que se intentan profundizar con este segundo abordaje, haciendo hincapié –ahora- en las características de una ciudadanía militante que los integrantes de este grupo fueron descubriendo a través de la propia práctica.
Para los que componen la Marcha, el agua no sólo les trajo la muerte, el desamparo y la pérdida material, sino también una nueva vida: la que les quitó un tiempo dedicado anteriormente para trabajar, a su familia o a sus quehaceres para disponer de muchas horas de los martes y los jueves para mantener encendida la llama del reclamo de justicia; la que transformó a vecinos de una rutinaria cotidianeidad en compañeros de lucha; o dicho de otro modo, la que obligó a la mayoría a transformarse de simples vecinos a militantes contra el olvido, la desidia y la impunidad de un hecho que marcó a la ciudad para siempre.